Sentido ético de la rendición de cuentas

C.P. Jorge Barajas Palomo
Expresidente del IMCP
Coordinador del Seminario Nacional de Ética
sajarab@prodigy.net.mx

¿Qué está pasando en el mundo y, en particular, en México? Con dificultad podríamos explicar los orígenes de esta crisis económica, política y social, y, hasta ahora, imposible predecir sus efectos. Lo que es un hecho es que, de nuevo, estamos ante un problema de opacidades y desinformación, pero, sobre todo, de falta de ética

Otra vez se ha vuelto a engañar a la gente, pero ahora a toda la comunidad mundial, envolviéndola con tecnicismos como: “volatilidad”, “hipotecas subprime”, “posicionamiento financiero de divisas”, “golden parachutes”, “mercados de derivados”, etcétera.
Todo esto por parte de los gobiernos y sus ejecutivos; los bancos, sus consejeros y altos ejecutivos; los grupos empresariales, los organismos reguladores, quienes no nos hablan de las causas de la crisis, sino de las medidas para resolverla –se ha visto claro- a favor de las grandes corporaciones sin nacionalidad definida, dueñas de la tecnología, de las patentes y de las capacidades para crear conflictos globales, por ejemplo, las hambrunas, en su beneficio económico.
Estamos expuestos al abuso del poder, y nos queda claro que ni la economía ni la política pueden, por sí solas, resolver los actos de corrupción y de injusticia.
¿Y la profesión contable? ¿Cuál es, ante esta grave situación, la posición y actitud de los Contadores Públicos?
Si es cierto que la Contaduría Pública es información de carácter económico y financiero sobre todo tipo de empresas, organismos y entidades; si es cierto que la información que produce la contabilidad es el único instrumento válido para conocer la capacidad que las entidades económicas tienen para resolver las exigencias de desarrollo humano real, también es verdad que la Contaduría puede y debe medir su eficiencia en el ejercicio de esa capacidad y su eficacia en la administración de los recursos encomendados a su uso y aplicación para el beneficio común.
Veamos el asunto desde el ángulo de la rendición de cuentas.
Rendir cuentas significa que las organizaciones y sus administradores cumplan su misión, es decir, sus deberes, con eficiencia y eficacia, lo cual debe revelarse en informes claros, confiables y oportunos. Este es el sentido ético de la administración y, por ende, de la rendición de cuentas.
Dicho de otro modo, rendir cuentas es responder a toda la comunidad por parte del gobierno, las empresas y las organizaciones bien dirigidas por ejecutivos inteligentes, capaces y comprometidos, lo cual asegure, primero, el bienestar general y, segundo, que preste servicios y productos buenos, útiles, económicos y oportunos, y que respete el entorno y la naturaleza.
La información aislada y por sí misma no basta. Debe revelar el cumplimiento de toda misión administrativa. Este es el verdadero significado de la obligación de rendir cuentas, de la rendición amplia de cuentas. La rendición de cuentas es, así, un imperativo ético de servicio y de procuración de satisfacciones y bienestar común, no solo el de unos cuantos.
La información contable económico-financiera, convertida en función profesional por la Contaduría Pública, debe medir el grado de cumplimiento de estos deberes. Informar por informar es una técnica; informar para medir y evaluar es una responsabilidad profesional.

En México no existe cultura de rendición de cuentas
El gobierno, las empresas del sector privado y las organizaciones siguen pensando que rendir cuentas consiste en informar, y lo hacen de manera confusa e incomprensible; además, ignoran su sentido fundamental: cumplir el mandato de los ciudadanos, clientes, empleados y el de la comunidad, en general.
Muchos de ustedes, más allá de este espacio de reflexión, podrían decir que la contabilidad no puede medir lo que no es tasable en unidades monetarias, y que esta es una norma o principio inamovible. Pero, ¿no es cierto que los entes económicos privados y gubernamentales han reconocido que deben agregar a sus estados financieros y cuentas públicas informes explicativos sobre el avance en el cumplimiento de planes de desarrollo, de su posición en el mercado, de sus estrategias y políticas y de la calidad de su estructura corporativa?
Los auditores deben evaluar la efectividad del control interno de las organizaciones para emitir una opinión sobre los estados financieros expresados en unidades monetarias, sí. ¡Y la evaluación del control interno nos obliga a cerciorarnos de la integridad moral de la organización, de la coherencia entre sus estrategias y su misión institucional, de la pertinencia de sus programas de capacitación, y del grado en que se administran los riesgos de no cumplir sus objetivos!
La profesión contable ha sido activa colaboradora en la promulgación de códigos de mejores prácticas corporativas por organismos empresariales y en la emisión de una ley más abierta y exigente para regular el mercado de valores.
Es necesario reconocer, al mismo tiempo, que nuestras aportaciones han sido insuficientes para frenar la creciente corrupción que impera en nuestro país y en el mundo.
Las respuestas positivas a los cuestionarios que los auditores aplicamos para evaluar el control interno, nos llevan a afirmar que cumplimos con la norma, pero no nos brindan certeza personal sobre la integridad ética y tampoco de la calidad y competencia de los individuos que prestan sus servicios en el ente auditado.
Las normas de desempeño de los servidores públicos y los códigos de mejores prácticas, así como las emitidas por la profesión para regular el trabajo de los auditores profesionales se asumen más como fin de su actuación y no como medio para contribuir al beneficio de la comunidad.
Nadie cuestiona el conflicto ético de las normas; parecemos decir que basta con cumplirlas. ¡Hasta la ética misma la hemos codificado como un conjunto de normas!
La ética aplicada a una determinada actividad o profesión debe entenderse como la suma de principios, valores y procedimientos para orientar la decisión de cada uno de sus miembros; es decir, para ser responsables, según el Dr. Hans Küng, Presidente de Fundación Ética Mundial, para “ser responsables en todas nuestras acciones porque de ellas se desprenden implicaciones que tienen efecto en los demás”.
¿Podemos advertir la íntima relación de estos deberes? En la medida en que cumplamos nuestras responsabilidades con ética personal sin concesiones y rindamos cuentas de nuestros deberes ciudadanos y profesionales, solo en esa medida contribuiremos a la solución de los problemas de injusticia, de inequidad y de subdesarrollo que la crisis económica y política provoca en millones de personas en México y en el mundo.

Artículo escrito por:

- quien ha escrito 958 artículos en la Revista Contaduría Pública : IMCP.


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