Responsabilidad Social. Tarea de todos

Msc. Ana María Cormick
Universidad Nacional de Río Cuarto, Argentina
anacormick@gmail.com

En lo que se diferencian los pájaros del ser humano es en su capacidad de construir, pero dejando el paisaje como estaba
— Robert Lynnd, Irlanda

La crisis ambiental percibida en los años sesenta se está ampliando hacia una crisis planetaria, y con esta nueva perspectiva se toma conciencia de la caducidad de los modelos de desarrollo actuales

Somos cada vez más conscientes de que la gran familia humana está consumiendo los recursos de la naturaleza y contaminando la biosfera a escalas y velocidades que ponen en peligro la convivencia mundial, el equilibrio dinámico y la capacidad de sustentación del ecosistema planetario.
La respuesta a este fenómeno se formula con base en el principio de sostenibilidad, que da lugar al concepto de desarrollo sostenible como síntesis integradora entre medio ambiente y desarrollo.
La idea general que subyace alrededor de la sostenibilidad del desarrollo humano se encuadra en una nueva ética para compatibilizar la necesidad de las comunidades a corto y largo plazo, optimizando el uso de los recursos ambientales, económicos, sociales y culturales.

Antecedentes
En la segunda mitad del siglo XX se producen grandes transformaciones económicas y geopolíticas que modifican las relaciones entre el sistema humano y el medio ambiente. Desde la Conferencia de Estocolmo en 1972 a la Conferencia de Río en 1992 (organizadas por Naciones Unidas sobre Medio ambiente humano y Medio ambiente y desarrollo, respectivamente), se van apreciando distintos procesos de acercamiento progresivo en la interpretación conjunta de los problemas del desarrollo y del medio ambiente. En este sentido, existe un reconocimiento explícito de la complementariedad entre el desarrollo económico-social y la protección ambiental.
Al iniciarse la década de los setenta, las cuestiones relacionadas con la protección del medio ambiente y con el desarrollo se planteaban en un tono menor. La época de bonanza económica que entonces se vivía, legitimaba la ideología desarrollista dominante, consagrando la veneración por el crecimiento económico cuantitativo.
A principios de los noventa se consagra la relación medio ambiente-desarrollo y se acepta la plena integración de este binomio. No existe verdadero desarrollo sin preservar y mejorar las bases ambientales sobre las que éste se sustenta. Tampoco es posible mantener la salud ecológica de la biosfera sin garantizar el desarrollo integral (económico, social y cultural) de la sociedad humana en su conjunto.
Por otra parte se comienza a hablar de desarrollo sustentable, pues se reconoce la finitud del capital natural. La eco-interdependencia (tanto económica como ecológica), la supervivencia colectiva y la seguridad global, aportan nuevas vías de análisis para definir con mayor precisión la interrelación medio ambiente-desarrollo y para reforzar su proceso de integración hasta intentar conceptualizar el desarrollo sostenible, que ha sufrido variaciones desde los años setenta.
A pesar de haberse explicitado en los años posteriores, su uso no se generalizó hasta que la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo (CMMAD) editó su Informe en 1987, bajo el título Nuestro futuro común. En él, por desarrollo sostenible se entiende aquel que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades (Comisión Brundtland, 1987).

Debemos aceptar que nuestra tarea no es mejorar un poquito el ayer, sino preparar nuestras empresas, nuestros países y a nosotros mismos para un mañana que será muy diferente
— Peter Drucker, 1944

Esta idea encierra dos conceptos fundamentales:

  • El de necesidades, en particular las esenciales de los pobres, a los que se debería otorgar prioridad preponderante.
  • Y el de las limitaciones que imponen los recursos del medio ambiente, el estado actual de la tecnología, la organización social, y la capacidad de la biosfera de absorber los efectos de las actividades humanas.

Se considera entonces al desarrollo sostenible como un proceso de cambio continuo (en lugar de un estado de armonía fijo) en el cual la utilización de los recursos, la orientación de la evolución tecnológica y la modificación de las instituciones están acordes con el potencial actual y futuro de las necesidades humanas.
Las estrategias urgentes que propone la CMMAD (1987) para seguir la senda de la sostenibilidad responden a objetivos básicos tales como:

  • Revitalizar el crecimiento.
  • Cambiar la calidad del crecimiento.
  • Satisfacer las necesidades esenciales de trabajo, alimentos, energía, agua, higiene, etcétera.
  • Conservar y acrecentar la base de los recursos.
  • Reorientar la tecnología y controlar los riesgos.
  • Integrar la economía y el medio ambiente en la adopción de  decisiones.

Todos ellos muy loables, pero que deben ser puestos en acción de inmediato, pues el tiempo corre, las necesidades apremian y es indispensable lograr un equilibrio justo entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, así como sentar las bases para una asociación entre países, gobiernos y sectores de la sociedad civil, sobre la comprensión de las necesidades y los intereses comunes.
La humanidad ha llegado a un punto crítico, según se manifestó en la Cumbre de la Tierra en 1992. El modelo económico que ha producido riqueza y poder sin precedentes para una minoría privilegiada del mundo, no es sostenible en términos globales porque ha generado riesgos y desequilibrios que amenazan el futuro de toda la sociedad, tanto de los ricos como de los pobres.
Una transición global a una nueva fórmula de desarrollo que sea sostenible, tanto en términos ambientales y humanos como económicos, parece ser la respuesta estratégica más viable. Esto sólo se puede lograr mediante una nueva alianza mundial que incluya a ricos y pobres, basada en cambios fundamentales de la conducta económica y de las relaciones humanas.
Lo antes enunciado es lo que debería ser, pero América Latina en general, y Argentina en particular, muestra una grave situación de exclusión social. Hoy, grandes sectores de la población continúan con sus derechos básicos sistemáticamente vulnerados. Esta situación ha configurado una sociedad profundamente desigual e inequitativa, en la que la mayoría de la población parece condenada a un destino de exclusión a todos aquellos bienes que permiten sustentar las condiciones indispensables para una vida digna. Estas realidades exigen acciones concretas e inmediatas.
El nuevo siglo coloca al hombre frente a los desequilibrios que él mismo ha provocado, y da lugar a que se cuestione quién debe solucionar el daño al medio ambiente, la explotación irracional de los recursos, la contaminación en sus más diversas formas y la violencia instalada en mayor ó menor grado en todas las sociedades.
Pareciera que desde un tiempo no muy lejano ha hecho su aparición una sigla mágica: RSE (Responsabilidad Social Empresarial) que sería la encargada de solucionar todos los problemas que aquejan a la sociedad.
Está de más decir que la RSE no debe tomarse simplemente como una sigla salvadora, sino como un elemento que junto con la RSU, la RSC y la RSI conforman (o deberían conformar) un grupo armónico y sincronizado de acciones que eviten solapamientos y derroche de recursos.
Asimismo, deben encarar proyectos socialmente responsables que los involucren a todos, y donde cada uno desde su lugar aporte saberes, quehaceres, recursos y demás, en aras de lograr una sociedad más justa, equitativa y garante de su desarrollo sustentable, incorporando los principios y valores del desarrollo sostenible y la responsabilidad al sistema educativo formal en todos sus niveles, con el objetivo de que todas las personas desarrollen un modo de pensar abierto y libre, además de adquirir los valores, conocimientos y capacidades que les permitan encontrar soluciones a los problemas que les afectan.

Medio ambiente, cooperación y desarrollo sostenible
La RSE va más allá de la filantropía tradicional. Junto a donaciones que pueden ser muy útiles, las organizaciones pueden hacer contribuciones de gran valor a la comunidad, sistematizar e incrementar planes de articulación con los demás niveles educativos, como tecnologías gerenciales, avances en Internet, marketing para programas sociales, etcétera.

El modelo económico que ha producido riqueza para una minoría privilegiada no es sostenible en términos globales porque ha generado desequilibrios que amenazan a toda la sociedad»

Desde el punto de vista organizacional, prepararse para la responsabilidad social implica la impregnación de una cultura del compromiso para hacer fluir la relación con sus grupos de interés (incluye: accionistas, proveedores, clientes, competidores y otros agentes sociales que tengan relación directa o indirecta con la empresa) a partir de una actitud inclusiva que construya colaboración, consenso, e ideas para contribuir al afianzamiento de la RSE como filosofía de gestión de la organización y mejorar las relaciones de la empresa con la sociedad, su aporte al desarrollo económico, cultural y medioambiental, así como poner en marcha iniciativas en la materia.
Lo antes mencionado presupone una actitud relacional, comunicacional y de interacción completamente diferente a la impuesta en la mayoría de las organizaciones de hoy en día.
Tener vocación colaborativa para establecer y afianzar consensos con los stakeholders permite la interactividad con los públicos y la escucha inteligente de sus intereses y necesidades, logrando la apertura a nuevas ideas y formas de gestionar el negocio que privilegien ante todo la sustentabilidad; aún cuando todo esto es algo que no se construya de la noche a la mañana. Para muchas firmas, supondrá una verdadera revolución interna.
Al hablar de RSU, se está haciendo referencia a que la Universidad en su conjunto, debe asumir un compromiso social real, estratégico, articulado, y sostenible en el tiempo, en concordancia con los problemas más acuciantes que atraviesa la sociedad. Hoy casi nadie duda que la Universidad posee entre sus misiones primordiales la de comprometerse con la compleja trama social, contribuyendo a la construcción de una sociedad más justa, equitativa y respetuosa de los derechos humanos.
Esta necesidad de compromiso urgente de los problemas concretos que hoy tiene la sociedad, debe llevar a la Universidad a interactuar con una profunda actitud ética, reformulando las diferentes modalidades de acción comunitaria, observando los resultados en los distintos escenarios de intervención y el impacto en la formación de profesionales con compromiso social.
Actualmente, existen propuestas de responsabilidad social que progresivamente se van difundiendo dentro de la vida universitaria. Hoy es común encontrar investigación interdisciplinaria o cátedras que dentro de sus proyectos pedagógicos incluyen acciones comunitarias y trabajan con metodologías de aprendizaje basadas en proyectos.
La Universidad Nacional de Río Cuarto no es ajena a esta problemática y en los últimos años ha impulsado institucionalmente propuestas para articular los proyectos  que se encuentran en marcha en las distintas áreas académicas y de investigación.
Cuando se hace referencia a la RSC se entiende por todas las acciones que desde las organizaciones no empresariales, tanto públicas como privadas, se llevan a cabo con el objetivo de ser responsable ante los demás actores sociales, y que además contribuyen a un equilibrado desarrollo de la sociedad con la cual interactúan.
Al hablar de equilibrado desarrollo  se está haciendo referencia al equilibrio en todos los aspectos, tanto sociales, económicos, culturales, tecnológicos y naturales, de modo que todas y cada una de las acciones emprendidas permiten al hombre lograr un desarrollo integral, pero sin producir daños ni desfases dentro de su medio ambiente.
Cuando se menciona la RSI se entiende que engloba todas las conductas propias del ser humano como individuo, que para su normal desarrollo necesita de la familia y del entorno social, dentro del cual se incluyen las entidades educativas, deportivas y sociales donde el hombre-niño comienza el aprendizaje de lo que significa ser responsable. Ciertamente, esa responsabilidad individual tendrá diferente connotación según el lugar desde el cual se analice, y más aún, tendrá diferente cariz según ese hombre-niño se desarrolle en un contexto familiar sin carencias básicas, a aquel en cuyo caso dependa de políticas de estado erráticas o integrales, o de las acciones caritativas y filantrópicas del entorno en el que le ha tocado desarrollarse.
No se puede ignorar que los niños, desde que llegan al mundo, necesitan dos cosas básicas: alimentación (para preservar el cerebro durante el primer año de vida) y estimulación (para educar ese cerebro intacto).
Hay que pensar en las nuevas generaciones. Para ello, todos los habitantes tienen y deben reconocer la cuota de responsabilidad social que a cada uno le cabe. Se habla de la sociedad del conocimiento, del mundo en el que predomina el saber sobre el hacer. Entonces es vital cumplir con las dos reglas básicas: alimentación adecuada y estimulación temprana. ¿Son las organizaciones o las empresas las responsables de cumplimentar esas dos reglas básicas?
En principio, y de manera indiscutible, la célula fundacional de la sociedad (la familia) es la depositaria primaria de la responsabilidad social que debe infundir en sus hijos desde el momento de su nacimiento. Es en esta etapa donde la responsabilidad social de los padres le permitirá al individuo ser un niño sano de cuerpo y mente.
Por lo tanto, las empresas, como poseedoras de recursos (si bien no ilimitados pero sí con mayor acceso que los grupos vulnerables), serán las encargadas de aplicar la RSE, teniendo presente que ello implica hacerse responsables por lo que hacen, dejan de hacer o se deja hacer.
Así pensada, la RSE puede ser desarrollada en los ámbitos social, educativo y laboral.
La riqueza hoy no sólo se define por la cantidad de bienes poseídos, sino por las posibilidades de acceso a ellos. Es en esa posibilidad o imposibilidad de acceso donde se manifiesta con mayor claridad la discriminación, producto de la brecha entre pobres y ricos, no sólo entre países, sino también entre individuos, la cual los aleja más cada día, situándolos en los polos opuestos de cualquier sistema.

Hay que pensar en las nuevas generaciones. Para ello, todos los habitantes tienen y deben reconocer la cuota de responsabilidad social que a cada uno le cabe»

A modo de ejemplo, se citan algunas situaciones en los ámbitos enunciados, donde se refleja claramente la falta de responsabilidad social:

  • En el ámbito social existen las tan conocidas frases se reserva el derecho de admisión, vulnerando el derecho de libre acceso a lugares de concurrencia pública, en un país donde se esgrimen como banderas la igualdad de oportunidades, el derecho a la libre elección, etcétera; frases bien intencionadas pero que sólo quedan en eso, pues en la práctica se permite el acceso por “portación de apellido” y se deniega por “portación de rostro”.
  • En el ámbito educativo se habla de la sociedad del conocimiento, de la igualdad de oportunidades y del respeto por el otro, pero de manera casi cotidiana se encuentran acciones individuales o grupales que intentan segregar del proceso de enseñanza-aprendizaje a alumnos por el color de piel o la forma de vestir, olvidando las mínimas normas de convivencia que deberían ser aprendidas y fomentadas desde el hogar.
  • En el ámbito laboral la discriminación se acentúa, en principio, reforzada por la nula igualdad de oportunidades en el acceso a la educación, base indispensable para el ingreso cualquier sistema laboral. No se debe olvidar que las organizaciones también atentan contra el desarrollo sustentable cuando vierten sustancias tóxicas a los ríos o a la atmósfera.

Ante estas realidades cabe preguntarse qué pueden hacer las empresas y universidades, tanto públicas como privadas, para erradicar cualquier tipo de discriminación, desigualdad y desequilibrio.
Se debería comenzar por la familia, que es la depositaria primaria de la responsabilidad social que debe infundir en sus hijos desde el momento de su nacimiento. Pero no alcanza con los esfuerzos de la familia si en ella se presentan carencias básicas como el acceso a una red de agua potable, drenaje y electricidad. Otra vez se refleja en estos casos el crecimiento de la brecha.
Estos aspectos son responsabilidad del Estado, por lo que no es posible hablar de responsabilidad social empresaria, como si las empresas estuvieran y fueran las que deciden todas y cada una de las cuestiones de desarrollo en la sociedad. Una vez que desde el Estado, y con el apoyo del sector empresario, se hayan logrado cubrir esas necesidades básicas, entonces habrá que garantizar la igualdad en el acceso del niño a la educación formal.
Los niños con acceso a la educación comienzan a socializar cada vez a edades más tempranas, ya sea en guarderías o jardines maternales, donde deben fomentarse conductas de reconocimiento y respeto a los derechos del otro, aun cuando el código de comunicación en esos estadios de la vida sea el lenguaje gestual.
Así sembrada la semilla regada en el hogar durante los primeros años de la vida, y abonada por la escolarización comprometida con los valores, se inculca que la responsabilidad social no sólo es cumplir con los deberes de hijo y hermano, sino que implica mucho más y se plasma en acciones concretas que tienen que ver con desechar todo tipo de discriminación y fomentar la igualdad de todos, no sólo ante la ley, sino también ante las ofertas sociales, educativas y laborales.
Con ello se asegura que los jóvenes tendrán incorporados los valores éticos que ayuden a reflexionar las decisiones que se tomen en las organizaciones de las que formarán parte. Si el sistema educativo obligatorio logra generar estos hábitos, entonces tendremos jóvenes listos para insertarse en el sistema educativo superior ó en el mundo del trabajo, pero con la seguridad que la responsabilidad social estará implícita en cada una de sus acciones.
En cuanto a la relación laboral, ésta es, quizá, la dimensión más desarrollada de la RSE debido a la temprana definición de estándares de trabajo de la OIT formulados en 1919, tomando como base la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Los cuatro principios fundamentales de la OIT y del derecho al trabajo son:

  • El respeto por libertad de asociación y el reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva.
  • La eliminación de todas las formas de trabajo forzado u obligatorio.
  • La abolición efectiva del trabajo infantil.
  • La eliminación de cualquier discriminación con respecto al empleo.

No basta con que existan reglamentaciones y declaraciones comunes, también es indispensable que exista dentro de las conducciones empresarias el espíritu y el compromiso con el subalterno en relación al respeto de sus derechos, así como la armonización de mecanismos comunes y adecuados de control para asegurar su cumplimiento.

Las empresas multinacionales no deberían aplicar un código distinto de RSE en sus países centrales y otro en los países en desarrollo»

Algunos de estos principios se vulneran en situaciones concretas, tal es el caso donde la discriminación se manifiesta por medio de las más variadas formas, como el color de la piel, el origen étnico o no poseer los estándares físicos que la sociedad “demanda” o impone, así como vivir en tal o cual barrio, por citar algunos casos.
Por otra parte, las empresas multinacionales no deberían aplicar un código distinto de RSE en sus países centrales que en países en desarrollo. Sería grave que, como ha sucedido en algunos casos, se apliquen normas de conducta avanzadas en sus casas matrices y empleen mano de obra infantil o degraden el medio ambiente en las sucursales de países en desarrollo.

El papel de las universidades en el desarrollo del paradigma de RSE
La Universidad desempeña un papel crucial en el desarrollo de la RSE, siendo una de sus tareas claves, la formación de docentes y de masa crítica profesional que ponga en práctica el paradigma.
En el diseño curricular se deben incluir dimensiones profesionales y humanas de acuerdo con un modelo educativo que desarrolle capacidades profesionales para enfrentar y resolver problemas, y que a la vez fundamente la práctica profesional en sólidos principios éticos y la entienda como un espacio de reflexión y transformación de la realidad a partir de una perspectiva crítica y solidaria.
Se destaca el doble rol de las universidades como formadoras de profesionales y generadoras de análisis crítico de la realidad. Se destaca que las universidades deben formar profesionales capaces de crear un imaginario nuevo de sociedad, a tal fin; la docencia, la investigación y la vinculación con la colectividad son herramientas fundamentales en su construcción.
Es necesario un cambio paradigmático en el concepto y la práctica de la RSE dentro del contexto mundial, que además funcione para transformar el enfoque económico de la organización. Se trata de un cambio de valores (no sólo empresarial, sino social) con el fin de que los intereses individuales no primen sobre los del colectivo, para lo cual el tema de la RSE debería estar presente en todas las etapas de la formación. Respecto de la caracterización actual de la RSE, la expresión más marcada es la filantropía y para cambiar esa tendencia es preciso desarrollar una estrategia educativa.
Como tema fundamental a abordar en el contexto de la RSE se destaca el de las políticas laborales que beneficien a todos los trabajadores y se sugiere la creación de una cátedra de RSE obligatoria tanto a nivel de pregrado como de postgrado, así como el desarrollo de trabajos de investigación sobre contextos y casos específicos de prácticas de RSE. También se sugiere, como estrategia educativa, abordar su enseñanza desde conceptos fácilmente cuantificables y sencillos para avanzar hacia enfoques más complejos como los de la ética y derechos humanos.
Se ha avanzado en la idea según la cual la Universidad podría enfocarse en la enseñanza de nuevos paradigmas relacionados con un nuevo sistema regulatorio centrado tanto en la mejora de la competencia, como en la protección al consumidor, la innovación y el bienestar de la sociedad en su conjunto.

En conclusión
Las organizaciones son las responsables de desarticular las diversas situaciones de desigualdad, desequilibrio, discriminación, contaminación y demás, que traen consecuencias no deseadas y que dan lugar a la corrupción, una cuestión de alcance multidimensional, pues involucra aspectos éticos, jurídicos, económicos y psicosociales que frenan el desarrollo de una sociedad más justa. Las organizaciones tienen que diseñar programas cuyo objetivo principal sea concientizar y sensibilizar a directivos, gerentes y personal para terminar con estas prácticas.
A efecto de traducir en acción esos programas, las organizaciones deberán comenzar a definir un Plan Estratégico que incorpore a la RSE como guía de todo el proceso de planificación, fundamentado en:

  • Tomar medidas correctivas antes de que se necesiten.
  • Trabajar con los elementos afectados para resolver problemas mutuos.
  • Establecer normas y estándares en todas las actividades.
  • Admitir públicamente los errores.
  • Participar en programas sociales apropiados.
  • Vigilar el cambiante ambiente social.
  • Ayudar a corregir los problemas ambientales.
  • Establecer y hacer cumplir un código de conducta para la organización.
  • Tomar las actitudes públicas que se requieran ante las cuestiones sociales.
  • Contribuir a superar la inequidades.

Cada una de estas frases conlleva el compromiso serio y reflexivo que debe partir de la cúpula organizacional e impregnar a todos y cada uno de sus integrantes, de manera que en el obrar diario se refleje el compromiso social, no sólo con las problemáticas que aquejan a su entorno inmediato, sino con todos los aspectos que fomentan algún tipo de desequilibrio. Una vez compartidos los ideales habrá llegado el momento de definir la estrategia, las políticas y los indicadores que permitan medir logros y sobre los cuales habrá que trabajar con los que están directamente involucrados, pues serán ellos los que identifiquen con mayor precisión aquellos aspectos que mayor impacto tienen en los grupos o públicos interesados y sobre quienes recae el impacto del accionar de la organización.

Las organizaciones deberán definir un Plan Estratégico que incorpore a la RSE como guía del proceso de planificación»

Para lograr que este proceso se lleve a cabo de manera adecuada y redunde en beneficio para la organización, ésta deberá ser gestionada con una política de puertas abiertas a la sociedad, dentro de la cual está la Universidad, quien podrá aportar los indicadores de gestión que garanticen la transparencia, así como monitorear el desempeño y el cumplimiento de los compromisos asumidos.
Otra manera de reflejar con transparencia el accionar sería recurrir a los reportes de sostenibilidad que siguen las guías de la Global Reporting Initiative (GRI), debiendo complementarse con el diálogo abierto y permanente con los sectores involucrados, de manera que se tenga pleno conocimiento de las carencias y situaciones discriminatorias para planificar las acciones correctivas que correspondan.
Cabe destacar que estas acciones no deben consistir en meros parches o caer en el lugar común del asistencialismo. Muy por el contrario, las organizaciones hoy tienen la obligación de enseñar a pescar y pescar juntos, esto da lugar al fortalecimiento de los lazos entre los diferentes actores sociales y lograr así impregnar de RSE a todo el proceso de planeamiento organizacional, permitiendo:

  • Lograr una ventaja competitiva.
  • Asumir que los problemas del ambiente donde se desarrolla la organización son parte de sus propios problemas.
  • Enfocarse en los problemas reales y no dispersar recursos y esfuerzos en acciones aisladas que no generan resultados medibles ni demostrables.
  • Al dar participación a las partes involucradas (público, grupos), el enfoque será compartido y en ocasiones definido por éstas, atendiendo sus propias necesidades y no al punto de vista de la organización.
  • Considerar a la RSE como la manera de hacer negocios en este nuevo siglo.
  • Que sea la organización la que dé sustento a acciones sociales responsables más allá de los marcos legales preexistentes, respondiendo no sólo a exigencias legales, sino también a exigencias sociales, éticas y medioambientales.
  • Reconocer que sus operaciones generan efectos sobre la gente y sobre el ambiente, e identificar a las personas u organizaciones impactadas.
  • Reconocer que la opinión de esos públicos constituye un insumo de primera importancia para tomar decisiones en los distintos niveles de la compañía.

Finalmente y a modo de reflexión, la RSE va mucho más allá de cualquier delimitación que pretenda encerrarla. Los ejes básicos son:

  • Las acciones de RSE se despliegan en una instancia que sobrepasa los establecimientos legales.
  • Se trata de decisiones voluntarias que se apoyan sobre convicciones y que se nutren de compromisos que no traicionen al negocio.
  • Obedecen a una continuidad que trasciende cualquier acción puntual y cualquier esfuerzo coyuntural.
  • Responden a una cobertura que contempla las realidades internas de las empresas y los espacios contextuales en donde actúa.
  • Sus estrategias no se limitan a lo reactivo, también deben contemplar alcances proactivos, pues además de atender problemas existentes, pueden anticiparse a la aparición de problemas futuros.
  • Sus alcances trascienden lo simplemente filantrópico, en tanto que deben proyectarse esencialmente hacia la evaluación de los impactos de lo que se hace y deben inscribirse en el compromiso con el valor de lo que se hace.
  • Se encuentra intrínsecamente asociada con la idea de desarrollo sostenible. En este sentido, se sugiere proyectar acciones que integren el crecimiento económico, la equidad social y la preservación ambiental.
  • Sus logros no son suficientes por muy grandes que sean, ni son insignificantes por muy pequeños que parezcan.
  • Más importante que lo que una empresa hace en RSE, es por qué lo hace y para qué lo hace.
  • Es tanto un proceso como un producto.
  • Es tarea de toda la empresa y no de un departamento en particular.
  • La RSE es algo superior a realizar un programa de acción social.

En definitiva, y como derivación de estos enunciados, debe aceptarse que la conceptualización de la RSE se relaciona siempre con el ideal de la sociedad y con el aporte que la empresa puede hacer para contribuir a alcanzarlo.

Artículo escrito por:

- quien ha escrito 958 artículos en la Revista Contaduría Pública : IMCP.


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