Planeación fiscal

C.P. y M. en A. Jennifer Mul Encalada
Profesora de la Facultad de Contaduría y Administración Universidad Autónoma de Yucatán
jeni.mul@uady.mx
jeni_mul@hotmail.com

Mucho se habla sobre la importancia de la planeación en las empresas como un proceso necesario para reducir costos, optimizar recursos y ser productivos, además de considerarlo como un paso indispensable para mantenerse en el mercado. Sin embargo, muchas empresas no aplican dicho proceso en el ámbito fiscal para aprovechar beneficios que las mismas leyes otorgan

Se sabe que en el país, los costos fiscales pueden llegar a ser muy altos si no se tiene el debido cuidado a la hora de planear el pago de contribuciones. Por ello, las empresas deben reflexionar sobre el impacto de las disposiciones fiscales y, mediante una adecuada planeación fiscal, diseñar estrategias que le ayuden a aminorar dichos efectos.

Concepto de planeación fiscal
Definiciones sobre planeación fiscal existen muchas; sin embargo, antes de profundizar en el tema es importante recordar que la planeación en la administración se conoce como aquel proceso donde se deben definir objetivos, determinar los distintos medios o alternativas de acción para alcanzarlos y decidir cuál es la mejor opción. Para ello, es fundamental analizar anticipadamente el entorno de las organizaciones.
Si se parte de lo anterior, la planeación fiscal consiste en la elección, por parte del contribuyente, del(los) acto(s) jurídico(s) más conveniente(s) a sus intereses para obtener un objeto lícito en la realización de sus actividades, que detone el menor costo fiscal posible, sin violentar la ley (R. A. Torres, 2002).
Para M. A. Sánchez (1998), es la optimización de los recursos para el cumplimiento de la menor carga fiscal posible dentro de los márgenes legales, sin llegar a incurrir en ilícitos y buscar las mejores alternativas para el cumplimiento dentro de la norma legal. También, puede entenderse como la evaluación de diferentes estrategias fiscales de una operación vista, por medio de diferentes opciones, teniendo presente el costo beneficio y siempre con estricto apego a la ley, para que puedan abatir, atenuar o diferir la carga fiscal a que están sujetos los contribuyentes (Morán, 2008).
Todavía hay quienes piensan que la planeación fiscal sirve para eludir el pago de contribuciones; por el contrario, procura orientar al contribuyente para que cumpla adecuadamente con sus obligaciones fiscales. Sus objetivos son: nulificar la carga fiscal, disminuir el impacto hasta donde las disposiciones fiscales lo permitan; o bien, diferir el pago de impuestos sin contravenir a la ley para lograr beneficios financieros (Morán, 2008). Por lo tanto, es importante destacar que nada tiene que ver con la elusión, evasión o defraudación fiscal, como muchos podrían pensar.
En la elusión, el contribuyente busca la forma de no causar impuestos sin contravenir la ley. En la evasión se omite el pago de impuesto, por medio de maquinaciones o simulación de actos jurídicos; es cualquier forma empleada para disminuir el tributo, violando la ley (Torres, 2002). De hecho, la defraudación fiscal se define en el artículo 108 del Código Fiscal de la Federación (CFF), el cual señala que: “Comete el delito de defraudación fiscal quien con uso de engaños o aprovechamiento de errores, omita total o parcialmente el pago de alguna contribución u obtenga un beneficio indebido con un perjuicio del fisco federal”. En cambio, la planeación fiscal no los considera actos ilícitos.
La obligación de contribuir tiene su fundamento legal en el artículo 31 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. De dicho precepto resalta también el principio de proporcionalidad, que hace referencia al pago justo de las contribuciones, dando por resultado que si se disminuyen las cargas fiscales por el hecho de aplicar las opciones que señalan las disposiciones fiscales, se estará tributando en forma justa y con apego a la legalidad. Este principio de legalidad señala que ningún impuesto puede existir sin una ley que lo establezca. Por lo tanto, lo hechos o actos no gravados, de ninguna forma están al margen de la ley, sino que no coincide con lo previsto por la misma y, por ende, nada obliga a darles un cumplimiento (Sánchez, 1998).
Por otra parte, en su artículo 5, la Constitución señala que: “A ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos”. Esta libertad de ocupación tiene por único límite la licitud.
Por lo anterior, expertos en el área coinciden en que el concepto de planeación nace desde la Constitución, pero se fundamenta en la Ley de Planeación. De esto deducen que los contribuyentes deben participar en la elaboración de un plan, buscando contribuir al crecimiento económico del país. Es decir, el Estado debe llevar a cabo la planeación para procurar el desarrollo económico pero el sector privado también debe realizarla en beneficio recíproco.

Importancia de la planeación fiscal
En un mundo globalizado, resulta necesario que las empresas mexicanas utilicen la planeación fiscal para competir en mercados nacionales e internacionales.
Es muy común saber de contribuyentes que toman decisiones sin asesoría fiscal, cuyos efectos en el monto de pago de impuesto pueden resultar graves; o bien, por desconocimiento, no aprovechan opciones que señalan las disposiciones fiscales. Además, si se toma en cuenta la excesiva carga fiscal que desmotiva la formación de nuevas empresas; la falta de estímulos fiscales en sectores específicos; el crecimiento de la economía informal; la falta de traducción de los impuestos en servicios públicos de calidad, etc., resulta indispensable que los empresarios y contribuyentes se preocupen por diseñar estrategias que ayuden a cuidar los costos fiscales. Por lo tanto, la evaluación y selección de estrategias fiscales deben ser una obligación para las empresas que quieran sobrevivir y permanecer en el mercado.
Actualmente, la planeación fiscal constituye una herramienta necesaria en la planeación estratégica de las organizaciones y algunas de sus ventajas son:

  • Favorecer la optimización de recursos financieros.
  • Crear una cultura fiscal, lo cual ayuda a planear y anticipar efectos de eventos futuros.
  • Al requerir del análisis de la situación de la empresa, se obliga a detectar otras áreas de oportunidad en la organización.
  • Minimizar el riesgo y brindar seguridad al fijar un rumbo con certidumbre.

Por otra parte, hay que considerar que para realizar este proceso se requiere tener conocimiento de la situación y medio ambiente de la empresa, así como de las leyes fiscales, reglamentos, resoluciones misceláneas, decretos, circulares, etc. Por lo tanto, si no se posee eso, las decisiones que se tomen podrían ser equivocadas o no estar apegadas a derecho, lo cual representa un riesgo importante.

Etapas de la planeación fiscal
Como todo proceso, la planeación fiscal se lleva a cabo en distintas etapas (Sánchez, 2004). Cada fase es importante por lo que a continuación se explica en qué consiste cada una de ellas:

  • Análisis de la situación de la empresa. En esta etapa se debe revisar la información financiera, fiscal y jurídica del contribuyente, ya que dicha información es la base para la planeación, pues ayuda a identificar cuáles son las características particulares respecto de su capacidad financiera y operación.
  • Realizar un diagnóstico de la situación. En esta etapa se debe conocer la situación fiscal de la empresa. Se puede realizar, mediante entrevistas con los responsables del área fiscal, el responsable de la empresa, la recopilación de información y documentación que amparan operaciones y la observación de los procesos. Lo anterior, sirve de base para conocer si la empresa cumple con sus obligaciones fiscales relativas a la contabilidad, expedición de comprobantes, presentación de declaraciones, pago de contribuciones, etcétera.
  • Listar posibles alternativas. En esta etapa, tanto los asesores como los accionistas de las empresas deben trabajar en conjunto para la selección de la mejor estrategia. Algunas de las más comunes son: realizar ajustes de acuerdo con disposiciones fiscales para atenuar los pagos provisionales de Impuesto Sobre la Renta (ISR); buscar otras formas de pago diferentes a efectivo; efectuar ventas en abonos; realizar escisión de sociedades acorde con el CFF; aplicar la deducción inmediata de activos fijos; solicitar disminución de pagos provisionales; crear una asociación en participación, una copropiedad, un fideicomiso, empresa integradora, o, en su caso, ubicar al contribuyente en el régimen simplificado de ley, etcétera.
  • Selección de mejores alternativas. En esta fase se elige la estrategia más conveniente, la cual dependerá de la situación particular de la empresa. Al respecto, Belmares (1997) señala que no seleccionar las mejores alternativas constituye un error que debería ser reclamable a quienes administran una organización, pues implica desperdicio de recursos financieros o administrativos que perjudican el desarrollo de los negocios productivos. Esto se traduce en una economía improductiva, de desperdicio, lo cual también es censurable desde el punto de vista social. En la medida en que la alternativa elegida no quebrante la ley, el contribuyente se encuentra en plena libertad de seleccionar la más conveniente a sus intereses.
  • Implantación. En esta etapa, por lo general, se incurre en costos, los cuales tienen que ser menores al beneficio fiscal que la empresa espera obtener.

Una vez implantadas las estrategias es importante darles seguimiento, para lo cual se sugiere asignar a un responsable, quien verificará si los resultados presupuestados coinciden con los obtenidos; es decir, si el beneficio es acorde con lo que se estimó.
Cabe mencionar que la planeación fiscal debe realizarse en función de la realidad de cada contribuyente, ya que una estrategia que resulte útil para uno, no siempre lo es para otro.

Conclusión
Para finalizar, es preciso señalar que la planeación fiscal es un proceso que se debe realizar a corto, mediano y largo plazo, siguiendo las disposiciones legales y sin evadir obligaciones y responsabilidades. Además, se debe llevar a cabo considerando el medio ambiente que rodea a la organización y demostrando un sentido de equilibrio y justicia. Este proceso resulta fundamental en los negocios y se hace necesario en la planeación estratégica; el hecho de no efectuarla, implicaría desperdicio de recursos y la posibilidad de caer en ilícitos.
Por otra parte, hay que tener presente que las leyes contemplan derechos a favor de los contribuyentes, para que organicen sus negocios de la mejor manera que convenga a sus intereses. Sin embargo, la misma legislación y la doctrina, determinan que el ejercicio de esos derechos no autoriza a dichos contribuyentes para que violenten la ley por medio del engaño; o bien, disfrazando operaciones mediante la simulación de actos jurídicos con la finalidad de obtener beneficios que no les corresponden.
Es importante resaltar que, en la actualidad se requiere que las empresas mexicanas diseñen estrategias que les ayuden a ser competitivas. Como señala Sánchez (1998), si bien las organizaciones planean estrategias comerciales para lograr una presencia en el mercado, es también su obligación prever el pago de sus contribuciones.

Artículo escrito por:

- quien ha escrito 718 artículos en la Revista Contaduría Pública : IMCP.


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