Nuevo camino entre la universidad y los negocios

L.A. César Telésforo Zúñiga
Coordinador de Proyectos
Secretaría de Desarrollo Social
asedyg@gmail.com

La presencia de la responsabilidad social como una dimensión ética en las actividades empresariales de América Latina ha ido ganando terreno en los últimos años, pasando de sólo ser una estrategia cosmética de marketing a un compromiso social de administración responsable. Empresas y negocios han recibido y desarrollado la responsabilidad social como parte integral de su operación económica, bajo los beneficios conjuntos que brinda en vertientes sociales y empresariales

Este acercamiento se da en menor medida en el ámbito universitario, fundamental en el desarrollo de la relación empresa-sociedad. Por ello la necesidad de contribuir a la reflexión de la responsabilidad social como un nuevo sendero entre la Universidad y los negocios, con sus retos y perspectivas.

Responsabilidad social empresarial
Es importante analizar el concepto de responsabilidad social empresarial, siendo éste el origen del enfoque universitario que se presenta en relación con la empresa moderna y sus tendencias sociales contemporáneas.
Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la responsabilidad social empresarial es: el reflejo de la manera en que las empresas toman en consideración las repercusiones que tienen sus actividades sobre la sociedad, y en la que afirman los principios y valores por los que se rigen, tanto en sus propios métodos y procesos internos como en su relación con los demás actores. La RSE es una iniciativa de carácter voluntario y que sólo depende de la empresa, y se refiere a actividades que se considera rebasan el mero cumplimiento de la legislación.
Para el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi) la responsabilidad social empresarial es: el compromiso consciente y congruente de cumplir integralmente con la finalidad de la empresa tanto en lo interno, como en lo externo, considerando las expectativas de todos sus participantes en lo económico, social o humano y ambiental, demostrando el respeto por los valores éticos, la gente, las comunidades y el medio ambiente y para la construcción del bien común.
Dentro del universo de definiciones, todas concuerdan que la responsabilidad social empresarial es la contribución activa y solidaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas, lo anterior como parte de una visión de negocios que integre los valores y principios éticos a la administración empresarial, una estrategia de gerencia ética e inteligente de los impactos que genera la organización en su entorno humano, social y natural.
Las dimensiones de la responsabilidad social empresarial son tan ricas y variadas que convergen en la idea de lograr un éxito económico para la empresa mientras se hace frente a las necesidades y retos de las sociedades, mediante una gestión responsable que logre conciliar los intereses del negocio y las expectativas que de ella tiene la comunidad.
No se entienda como filantropía o altruismo, la responsabilidad social empresarial ha evolucionado para convertirse en un conjunto de prácticas de la organización que forman parte de su estrategia corporativa, y que tienen como fin evitar daños y producir beneficios para todas las partes interesadas en la actividad de la empresa (clientes, empleados, accionistas, comunidad, entorno, etc.), siguiendo fines racionales y que deben redondear en un beneficio, tanto para la organización como para la sociedad. La importancia es el punto de equilibrio que se genera entre el crecimiento empresarial y los beneficios sociales.

El vínculo universidad-empresa ha dejado de buscar sólo la producción y ocupación de profesionistas capaces de responder a los intereses del sistema económico»

Todo lo anterior es una causalidad, las sociedades han comenzado a exigirle a las empresas que no busquen únicamente la maximización de sus ganancias y que cooperen en la solución de muchos de los problemas, sociales, económicos y ambientales, a cambio de consumir sus productos o servicios, siempre y cuando cumplan con calidad los requerimientos e intereses del cliente. Ahora, en numerosas latitudes, la responsabilidad social empresarial es un elemento importante en la elección y determinación de compra en varios sectores del mercado bajo el umbral de la alta competencia que la globalización ha consolidado.
La sombra de los escandalosos casos de una ética empresarial altamente criticable (que se acompañó de quiebras y derrumbes económicos en diversas organizaciones) motiva la proliferación sostenida de la responsabilidad social empresarial en un sinnúmero de negocios de todo tipo, giro y tamaño, a la luz de regulaciones y normativas gubernamentales crecientes en la materia, que se suman a iniciativas, certificaciones, lineamientos y reconocimientos de carácter no obligatorio que son imprescindibles cuando se habla de responsabilidad social: Pacto mundial, ISO 26000, Guías de la OECD y Distintivo ESR, como ejemplos de ello.

Responsabilidad social universitaria
Dado el fortalecimiento de la relación entre la empresa y la responsabilidad social, la Universidad tuvo que integrarse a la reflexión sobre el tema, no sólo porque ellas también son organizaciones y en muchos casos privadas, sino porque además tienen la misión de formar a los futuros profesionistas que integrarán los negocios, a los futuros ciudadanos que tendrán que promover democráticamente la ética y valores morales aplicables, a los consumidores responsables de bienes y servicios, y a los futuros líderes de las sociedades a cargo del bien común en un mundo cada vez más globalizado. Es por ello que actualmente, más Universidades se integran al debate y aplicación de la responsabilidad social, para ser uno de los temas prioritarios en la agenda universitaria latinoamericana.
Al igual que la empresa, que ha tenido que superar los enfoques y gastos filantrópicos para pasar a los paradigmas integrales de administración ética y socialmente comprometida, la Universidad debe transformar la perspectiva de proveer una formación académica y ser una respuesta a las necesidades empresariales, para convertirse en participante activa de los retos, impulsada por la educación profesional ética y la producción de conocimientos aplicables a la verdadera exigencia del mundo de los negocios y su interacción con el desarrollo social. El vínculo entre universidades y empresas ha dejado de buscar sólo la producción y ocupación de profesionistas capaces de responder a los intereses del sistema económico: se prepara para profundizar una relación tan amplia como benéfica para las organizaciones empresariales.
La formación humana y profesional, como propósito académico, y la construcción de nuevos conocimientos, como propósito de investigación, son sin duda los dos principales objetivos de la Universidad contemporánea. La relación de lo anterior es estrecha: a partir de las investigaciones de sus profesores, la Universidad construye los contenidos académicos que se transmiten a los estudiantes para su formación. Cabe resaltar que la Universidad no está naturalmente destinada a jugar un papel de organización no gubernamental de desarrollo, ni de substituto del Estado en el alivio de las necesidades sociales primarias, por lo que su responsabilidad social se dirige principalmente a la evolución y adaptación de los dos propósitos antes señalados.
La Universidad ha tenido que construir su responsabilidad social intrínseca para dar pie a la interacción con el sector de los negocios, siendo lo primero una base sólida que se puede englobar en cuatro líneas de acción institucional que François Vallaeys ha descrito en diversas publicaciones:

  • Gestión interna responsable de la Universidad: Orientación hacia la transformación de la Universidad en un pequeña comunidad ejemplar de democracia, equidad (supresión de las segregaciones y corrección de los privilegios), transparencia (política y económica), y hacer de ella un modelo de desarrollo sostenible (política de protección del medio ambiente, uso de papel reciclado, tratamiento de los desechos, etc.). La Universidad como una comunidad socialmente ejemplar, beneficiándose de una doble fuente de aprendizaje: el estudiante aprende en la Universidad su profesión, pero también aprende de la Universidad los hábitos y valores ciudadanos. Más que los cursos de ética, cuyo impacto actitudinal es discutible, es la práctica cotidiana de principios y buenos hábitos comunes lo que forma valores en las personas.
  • Docencia socialmente responsable: Capacitación a los docentes en el enfoque de la responsabilidad social universitaria y promover el aprendizaje basado en proyectos de carácter social, abriendo el salón de clase hacia la sociedad como fuente de enseñanza significativa y práctica aplicada a la solución de problemas reales. Creatividad e imaginación (no sólo mediante prácticas profesionales sociales, sino también en los cursos teóricos de cada carrera), cómo el estudiante puede aprender lo que tiene que aprender haciendo cosas socialmente útiles y formándose como ciudadano informado y responsable. Fomento a la creación de talleres de aprendizaje en las facultades, mayor articulación entre las disciplinas (por la necesidad de un enfoque multi e interdisciplinario para tratar los problemas sociales), y mayor articulación entre la docencia, la investigación y la proyección social.
  • Investigación: Promover la investigación para el desarrollo bajo todas las formas posibles. Investigación y docencia bajo el trabajo de las mismas problemáticas en el mismo lugar desde sus especialidades respectivas, creando una sinergia de saberes, y la interdisciplinariedad aplicable al beneficio social.
  • Proyección social: Trabajar en interfaz con los departamentos de investigación y los docentes de las diversas facultades para implementar y administrar proyectos de desarrollo que puedan ser fuente de investigación aplicada y recursos didácticos para la comunidad universitaria. Omisión de la marginalización institucional de estas iniciativas voluntarias humanitarias, por la debilidad de su vínculo con la formación profesional y la didáctica universitaria, lograr una integración de la proyección social en el corazón de la institución, apoyados por una sección académica de responsabilidad social universitaria que gestione las iniciativas estudiantiles y docentes, y pueda controlar su calidad. Inútil de precisar que tal unión estrecha entre proyección social, docencia e investigación resultará sin duda en el aumento significativo del voluntariado estudiantil, puesto que el alumnado habrá podido aprovechar de un aprendizaje basado en proyectos durante su formación.

Con la articulación de lo anterior se puede asegurar que la responsabilidad social universitaria es el compromiso de las universidades con la adaptación de sus objetivos primarios en busca de la cooperación con el desarrollo social, iniciando la formación ética de profesionistas e involucrando sus funciones y actividades de generación de conocimiento al desarrollo y crecimiento nacional, bajo las premisas de administración interna que la hagan líder en diversos aspectos de la responsabilidad social empresarial.
Se puede definir a la responsabilidad social universitaria como una política de gestión de la calidad ética de la Universidad que busca alinear sus cuatro procesos (gestión, docencia, investigación, extensión) con la misión universitaria, sus valores y compromiso social, mediante el logro de la congruencia institucional, la transparencia y la participación dialógica de toda la comunidad universitaria (autoridades, estudiantes, docentes, administrativos) con los múltiples actores sociales interesados en el buen desempeño universitario y necesitados de él, para la transformación efectiva de la sociedad hacia la solución de sus problemas de exclusión, inequidad, y sostenibilidad.
Es vital remarcar que dentro de todo el universo que puede existir entre la Universidad y los negocios, la responsabilidad social surge como un vínculo alterno viable ante las urgencias actuales que deja de entender sólo la generación de profesionistas que cubran de la mejor forma el mercado laboral.

Universidad y empresa
La interacción de la Universidad con el sistema productivo y con la sociedad es considerada actualmente como un elemento necesario para el desarrollo económico de los países, especialmente de los más pobres, y para elevar la calidad de vida de sus habitantes. Buscar vías de acercamiento entre la Universidad y las empresas ha sido un esfuerzo constante que aceleró el paso después del surgimiento de la responsabilidad social empresarial. En los últimos años se ha podido constatar que Universidad, sociedad y empresa van desarrollándose por caminos paralelos.
Las necesidades sociales han cambiado en función del desarrollo económico, como resultado de las grandes transformaciones que la globalización ha marcado. Los cambios regionales en América Latina, que obedecieron a factores políticos, educativos, sociales y económicos, han motivado nuevos paradigmas a los que la Universidad ha enfocado su rol como mecanismo inductor de mejora, no sólo de la calidad de vida de la comunidad en la cual se encuentra, sino también de los grupos de interés involucrados en la organización, desarrollo, y proyección de su operación.
La Universidad tiene un compromiso con sus alumnos, con los futuros trabajadores (públicos y privados) y con la formación profesional constante. A los universitarios además de formarles, hay que profesionalizarles; ellos lo desean, como lo desean sus empleadores y la sociedad, consciente de la importancia de la formación en competencias y habilidades, más allá de los conocimientos académicos o técnicos.
La responsabilidad social universitaria, además de comprometerse a las cuatro líneas de acción internas que se mencionaron anteriormente, debe ser un mecanismo acorde a los retos empresariales actuales, olvidando sólo su precepto de excelencia académica e incorporando respuestas prácticas y viables a la realidad actual.
La Universidad socialmente responsable debe entablar una comunicación constante y permanente, mediante la cual se establezcan las prioridades en la formación académica deseada por las empresas. La figura de la Universidad como creadora de conocimientos aplicables puede ser de gran ayuda, especialmente para las PyMES, cuya capacidad de generar conocimientos es en ocasiones más limitada. Son las universidades la mayor fuente de nuevo conocimiento del sistema de innovación y como tales, pueden aportar vitaminas innovadoras al sistema productivo.
Sin embargo, al abordar el proceso de vinculación de la Universidad con la sociedad y más concretamente con el sector productivo, descubrimos las dificultades de su administración. Las relación Universidad-Empresa requiere administración especializada, que implica desde la puesta en marcha de instrumentos para la mejora de la formación, a lo que se ha venido a llamar la valorización de la investigación, que incluye la administración de la transferencia directa de tecnología, la detección de oportunidades tecnológicas o la incorporación de resultados al sistema productivo mediante la creación de empresas. Los programas de prácticas profesionales en las empresas, la enseñanza por proyectos, la formación continua, el impulso y soporte a los proyectos de investigación mixtos entre empresas y grupos de investigación y las acciones de estímulo, asesoramiento y apoyo a nuevos emprendedores universitarios, son muestras de la complejidad de las nuevas tareas encomendadas a la Universidad.
En cuestión de desarrollo nacional, la Universidad tiene el importante papel de fomentar la cultura de la innovación y prácticas emprendedoras, creadoras de negocios. Ante la dinámica del empleo y el mercado, la adaptación de la formación universitaria debe contribuir a que sus egresados sean creativos y emprendedores como una garantía para la creación de otros puestos de trabajo.
Una cultura de innovación y de emprendedores facilita el desarrollo de ideas, en muchos casos de investigación, por ello, muchas universidades aseguran a sus estudiantes y otros grupos de interés asesoría inicial para la elaboración de planes de negocios, apoyos académicos a mediano plazo y la búsqueda conjunta de financiamientos externos y espacios físicos de operación. Aun con esto, el número de empresas creadas por este medio es bastante bajo: la formación en muchas universidades sigue estando más enfocada en preparar empleados que en formar empleadores.
La Universidad debe aprovechar el ánimo rejuvenecido por la ética y el mejoramiento del entorno social, económico y ambiental que ha tenido la generación que ahora está en las aulas, mismas que buscan participar en las crecientes iniciativas de responsabilidad social conjuntas entre universidades, empresas y gobiernos, además del interés por cursos, seminarios y maestrías de la materia. Las instituciones educativas de cualquier nivel, además de formar de manera ética y con implicaciones sociales benéficas, han comenzado a ser las orquestadoras de diversos apoyados por empresas que se benefician de la buena reputación corporativa.
La sociedad, por la naturaleza de la Universidad, la tiene en un buen concepto y valoración, lo anterior es motivo para ejercer un liderazgo aplicable socialmente responsable. Es importantísimo, en el ámbito universitario, la necesidad de buscar, desarrollar y difundir nuevas prácticas en sintonía con los nuevos escenarios sociales.
El enfoque no parte de centralizar la problemática en un aspecto estrictamente académico, técnico o económico, ya que la situación abarca en su dimensión un problema ético de mayor profundidad y es aquí donde la Universidad debe ofrecer sus respuestas para favorecer mecanismos de integración y movilidad social ascendente. La responsabilidad social empresarial y universitaria necesariamente involucra una ética aplicada.
El análisis del rol universitario en el marco de la sociedad no debe omitir las implicaciones éticas de los diferentes cursos de acción posibles, ya que de primar la racionalidad empresarial o económica sobre la ética, pueden derivarse resultados altamente regresivos para la comunidad en su conjunto, la falta de equidad en una esfera puede generar pérdida de eficiencia y desigualdades en otras. La relación entre Universidad y empresa debe respetar la noción básica de la responsabilidad social, no es un contrato comercial entre estos dos actores, sino un compromiso con la sociedad.
Uno de los mayores desafíos de la Universidad actual transita no por influir solamente en los acontecimientos sociales, sino en construir procesos sociales con identidad nacional sostenibles que aseguren un verdadero empoderamiento que rinda beneficios tangibles.

La formación en muchas universidades sigue estando más enfocada en preparar empleados que en formar empleadores»

Para ello se debe entender cómo la Universidad redefine su responsabilidad para establecer un equilibrio entre las necesidades reales y el lograr incidir en la transformación de ellas y el entorno, acabando con la lejanía existente entre Universidad y empresa. Si se establece que la condición de base para un desarrollo social sostenible universitario depende del grado en que los individuos puedan llevar a cabo la construcción de un verdadero sentido de comunidad que preserve no solamente la libertad, sino que induzca a incrementar los estamentos de responsabilidad universitaria como forma de proyección social.
Quizá nunca antes en la historia de la humanidad se había presentado una paradoja decisiva para el presente y futuro del planeta: por una parte existe la enorme revolución en el campo del conocimiento y la tecnología, mientras que a la misma vez se verifican brechas crecientes y casi insalvables en la distribución de la riqueza, provocando miseria y exclusión a millones de personas.
Hoy ya no es posible mantener los mitos que ilusionaran el paisaje del desarrollo en décadas pasadas, concibiendo tendencias lineales del progreso humano o apostando con euforia a la capacidad de la revolución tecnológica para abonar el crecimiento económico y su equidad. La realidad ha resquebrajado las ideas simples y ha olvidado los postulados entusiastas que veían sólo parcialmente algunos datos. De esta forma, junto con la revolución del conocimiento y la tecnología, se ha venido instalando una segunda revolución asociada: la del uso que se hace del conocimiento y la tecnología.
Hace ya tiempo que existe una tercera revolución en este circuito: la del conocimiento. Ahora se impone un imperativo ético y estratégico en este campo, que consiste en interrogarse acerca de ¿Qué hacer con lo que se sabe? ¿Cuáles son las implicaciones de lo que se hace? ¿Qué se hace para conocer? Estos tres órdenes de interrogación atraviesan los actuales debates en la filosofía de la ciencia. A la vez que denuncian cegueras, también alientan oportunidades.
Se trata de desafíos pendientes que requieren debates y acciones urgentes. La Universidad, como institución productora de conocimientos y formadora de opinión y tendencias, tiene una responsabilidad social incuestionable. Quizá su tarea prioritaria hoy deba ser pensarse a sí misma, elucidando las condiciones en las que construye conocimiento, en las que forma profesionales, en las que concibe la condición humana para conocer y actuar. La posición estratégica propia de la Universidad en el seno de una sociedad la llama a responsabilidad, siempre; pero, hoy más que nunca este llamado es imperioso.
Por lo anterior, la Universidad debe expandir su campo de acción sin olvidar sus objetivos fundadores. Como respuesta a las condiciones del entorno, debe haber un medio para el desarrollo social, una estrategia palpable de los esfuerzos del conocimiento y la formación. Los negocios, por su parte, deben integrarse a este nuevo rol universitario, donde su participación será indispensable para la solución de muchos de los retos contemporáneos. El aliciente para los negocios deberá seguir siendo brindar bienes y servicios bajo el afán de lucro, pero su conciencia deberá encaminarse al análisis de los impactos que su operación provoca.
La alianza entre estos dos importantes actores deberá arrojar proyectos e iniciativas propias de la responsabilidad social, una comunicación eficiente en la formación de profesionistas y educación general a una sociedad que cada vez se preocupa más por el bienestar ambiental y los problemas que la economía ha ocasionado en el ámbito social. La relación Universidad y empresa es, sin duda, un binomio que puede disminuir las enormes brechas que aún limitan el crecimiento sostenido de muchos países, y es en esto donde encuentra su motivación de ser: la búsqueda de un mejor entorno en dónde realizar mejores actividades económicas y productivas, resultando en los beneficios que las sociedades demandan.

Artículo escrito por:

- quien ha escrito 958 artículos en la Revista Contaduría Pública : IMCP.


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