Código de ética Bushidō

Andrea Mariamne Atenco Alba, Marisol Ferreiro bautista, Mildred Brigitte Moreno Elizalde, Edgar Quiroz Díaz/Estudiantes de la licenciatura de Negocios Internacionales ESCA Santo Tomás, IPN

Coordinados por: Cuitláhuac Oviedo Puente/Maestro en Ciencias en Administración Pública por el IPN

En el año 794, cuando el quincuagésimo emperador del Japón, Kanmu, decidió establecer su corte en una ciudad situada en el centro de sus dominios, la actual Kyoto, se inició un largo y brillante periodo de la historia llamado Heian (794-1185), que estuvo marcado por el predominio de la gran aristocracia cortesana reunida en la ciudad imperial, entregada allí al cultivo de las artes y a la imitación de la refinada cultura del imperio chino, auténtico modelo del Japón medieval. Sin embargo, en las provincias más agrestes del país, empezaba a hacer su aparición un tipo de guerrero que pronto impondría su ley y que acabaría encarnando al espíritu japonés durante más de un milenio: el samurái (National Geographic)

Introducción

A lo largo del artículo se analizará el Código de Ética Bushidō y su impacto e influencia en el Japón actual, por lo que es de suma importancia conocer los siguientes conceptos:

La ética es la que está vinculada a la moral y establece lo que es bueno, malo, permitido o deseado respecto a una acción o decisión. El concepto proviene del griego ethikos, que significa “carácter”. Puede definirse a la ética como la ciencia del comportamiento moral, ya que estudia y determina cómo deben actuar los integrantes de una sociedad.

El código es una combinación de signos que tiene un determinado valor dentro de un sistema establecido. En el derecho, se conoce como código al conjunto de normas que regulan una materia determinada (Sánchez, 2013).

Un código de ética, por lo tanto, fija normas que regulan los comportamientos de las personas dentro de una empresa u organización. Aunque la ética no es coactiva (no impone castigos legales), el código de ética supone una normativa interna de cumplimiento obligatorio (Alarcón, 2011).

Antecedentes

Rubio menciona que a pesar de todas las teorías que hay acerca de cómo surgieron los samuráis, lo cierto es que para el siglo X los samuráis formaban ya una clase social muy bien definida, que se caracterizaba por la propiedad de la tierra y por la actividad guerrera (Rubio, 2014).

Frente a estos poderosos guerreros, los campesinos sentían temor –pues el samurái iba armado–, mientras que la corte imperial y la refinada nobleza cortesana, obsesionadas con la idea de que la violencia conllevaba una contaminación, sentían desprecio ante un guerrero que era considerado impuro por la sangre que derramaba. Todo ello permitió a los samuráis dedicarse libremente a los asuntos militares y acrecentar su reputación guerrera. Fue así como a mediados del siglo XII los samuráis alcanzaron su madurez e irrumpieron con fuerza en la escena política japonesa.

Estos magníficos caballeros mantuvieron una intensa vida militar entre los siglos XII y XVII. En ese periodo de luchas entre clanes, se les podía ver orgullosos a lomos de sus pequeños aunque resistentes caballos y fieles al ritual guerrero impuesto por el Bushidō, auténtico código de conducta para aquel que se formara en esta indomable casta.

Los samuráis ocupaban sus periodos de ocio en el perfeccionamiento del espíritu. Gustaban de la poesía y el teatro y se refugiaban con frecuencia en la creación de maravillosos jardines flotantes. Eran auténticos pensadores que engrandecieron Japón en diferentes ámbitos.

Sin embargo, el declive llegó cuando la paz y los tiempos modernos se instalaron en el país. En 1868, 7% de la población japonesa se podía considerar samurái, es decir, dos millones de personas regentaban sus vidas basándose en el Código de Bushidō. Muchos, ante el temor popular que seguían infundiendo, se refugiaron en las ciudades convirtiéndose en artistas, comerciantes o profesores; otros, no tuvieron esa suerte quedando abandonados a la marginación o al alcoholismo.

El Bushidō, el código de conducta de los samuráis, que propugnaba el cultivo de las virtudes marciales, el sentido del honor y la indiferencia ante el dolor y la muerte, llegó a impregnar el alma de todo el pueblo japonés y explica la mentalidad y costumbres no solo del Japón antiguo, sino incluso del actual. Entre aquellos que llegó a influenciar está la mafia japonesa.

Se sabe que los samuráis estaban a cargo de los señores feudales, actuando como el brazo armado de estos. Pero cuando el periodo Edo finalizó, se dio paso a la era moderna en el país y los señores feudales empezaron a despedir a los samuráis, quienes pasaron a convertirse en mercenarios ambulantes, conocidos como ronin. Estos pasaron a organizarse en bandas y a buscar trabajo como protectores de pequeños poblados, en un inicio, a cambio de comida y alojamiento, pero más tarde aumentando sus exigencias y extorsionando a los habitantes.

El Código del Bushidō, tal como fue descrito por Nitobe, ofrecía al pueblo japonés un sistema ético único alrededor del cual podía unificar y reclamar un pasado glorificado. Simultáneamente, inculcaba en él un nuevo sentido de lealtad hacia el Estado y el emperador. Esto se transformaría, eventualmente, en una forma agresiva de ultranacionalismo y expansionismo que tendría resultados desastrosos para los japoneses en la Segunda Guerra Mundial (Patterson, 2008).

El Bushidō, que literalmente significa “El Camino del Guerrero”, se desarrolló en Japón entre las eras Heian y Tokugawa (siglos IX-XII). El Bushidō era el código, la ley que regía las vidas de los samuráis (El código samurái).

Los factores que formaron el Bushidō son pocos y sencillos. Así de simple, se creó un modo de vida para mantener unida a una nación al paso de sus tiempos más problemáticos, de guerras civiles, de desesperación e incertidumbre. Nacido a la vez de la filosofía, la religión y las artes marciales orientales, el Bushidō encuentra sus principales fuentes en las tres escuelas de pensamiento oriental más influyentes del Japón feudal: el Budismo Zen, el Confucionismo y el Sintoísmo, tres corrientes filosófico-religiosas que durante mucho tiempo (y aún hoy en día) dividirán a la población japonesa en confucionistas, budistas y sintoístas.

Junto con esas virtudes, el Bushidō también sigue con sumo respeto la justicia, benevolencia, amor, sinceridad, honestidad y autocontrol. La justicia es uno de los principales factores en el código del samurái: caminos torcidos y acciones injustas son consideradas denigrantes e inhumanas. El amor y benevolencia eran virtudes supremas y actos dignos de un príncipe, no había mayor gloria para un samurái que la de poder ayudar a los demás. La sinceridad y la honestidad eran tan valoradas como sus vidas. Bushi no ichi-gon o “La palabra de un samurái” trasciende a un mero pacto de confianza y completa fe. Cuando un samurái daba su palabra era su propia vida lo que ponía como garantía, razón por la cual ningún pacto, tarea o misión de un samurái fue jamás recogida por escrito. El samurái también necesitaba un completo autocontrol y estoicismo para ser totalmente honroso.

No debía mostrar en público signos de dolor o alegría. Soportaba todo interiormente, ya que tenía prohibido gemir o llorar. Siempre mostraba un comportamiento calmado y una compostura mental que hacían que ninguna pasión de ningún tipo debería interponerse. Esta educación tan dura era necesaria para llegar a ser un verdadero y completo guerrero, y los samuráis lo aceptaban.

Los siete principios

Estos son los siete principios que rigen el Código de Bushidō, la guía moral de la mayoría de samuráis de Rokugan: “Sed fieles a él y vuestro honor crecerá. Rompedlo, y vuestro nombre será denostado por las generaciones venideras” (CDN, 2013):

GI (Honradez/Justicia). Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia. Para un auténtico samurái no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Solo existe lo correcto y lo incorrecto.

YU (Coraje). Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurái debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado, es peligroso, pero sin duda también es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte. Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

JIN (Benevolencia). Mediante un entrenamiento intenso el samurái se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres, pues desarrolla un poder tan grande que debe ser usado solo para el bien de todos. El samurái debe tener compasión y ayudar a sus hermanos en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

REI (Respeto/Cortesía). Ser un guerrero no justifica la crueldad. Los samuráis no tienen motivos para ser crueles, no necesitan demostrar su fuerza a nadie salvo a sí mismos. Un samurái debe ser cortés siempre, especialmente hacia sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto hacia sus oponentes, el samurái no es mejor que los animales. Un samurái es temido por su fiereza en la batalla, pero es respetado por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros.

MAKOTO (Honestidad/Sinceridad absoluta). Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en este mundo lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de dar su palabra. No ha de prometer. El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. “Hablar” y “hacer” son, para un samurái, la misma acción.

MEIYO (Honor). El auténtico samurái solo tiene un juez de su propio honor: él mismo. Las decisiones que toma y cómo las lleva a cabo son un reflejo de quién es en realidad. Nadie puede ocultarse de sí mismo, y los samuráis no son una excepción.

Chuugi (Lealtad). Para el samurái, haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurái es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel. Las palabras de un samurái son como sus huellas: puedes seguirlas donde quiera que él vaya, por ello el samurái debe tener cuidado con el camino que sigue.

Conclusión

Se ha comprobado que el Código de Bushidō desde la época samurái ha influenciado en varios aspectos la vida diaria de Japón, es un modo de pensar y de vivir en el cual los japoneses impregnan un valor ético en todo su trabajo, siendo esta la manera en que la población japonesa sobrevive en sus interrelaciones personales, que están influenciadas principalmente por el deber, el honor y la obligación.

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*El coordinador es Maestro en Ciencias en Administración Pública por el IPN.

Artículo escrito por:

- quien ha escrito 910 artículos en la Revista Contaduría Pública : IMCP.


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