Activos intangibles de la Revolución Industrial 4.0

Dr. Fabián Martínez Villegas/Presidente del Instituto Mexicano de Innovación y Estrategia, A.C./Director del Centro de Innovación en Negocios, ESCA-Tepepan/Instituto Politécnico Nacional/fabimarti@prodigy.net.mx

A principio de la década de los noventa surgió el concepto de capital intelectual, por parte de quienes lo daban a conocer, como Thomas A. Stewart, miembro del consejo de editores de la revista Fortune, y Leif Edvinsson, alto ejecutivo de Skandia, firma sueca de servicios financieros, nombrado el primer director corporativo de capital intelectual en el mundo. Ambos resaltaban que la principal fuerza para crear valor y riqueza ya no estaba en los activos fijos tradicionales, sino en el capital intelectual, con rubros como personal pensante de la empresa, bases de datos, banco de clientes satisfechos, patentes y marcas, imagen corporativa, entre otros, que son activos intangibles que no están registrados en contabilidad ni contenidos en los estados financieros

El peso del capital intelectual ha continuado acentuándose en la presente cuarta revolución industrial. En un reciente Best Seller, La Innovación Corporativa (Corporate Innovation), sus autores incluyen a las empresas más grandes en el mundo, en función de su valor de capitalización al 2 de febrero de 2017 (ver cuadro 1).

Cuadro 1

Lugar Compañía Valor de mercado
1 Apple 718.9
2 Google 584.2
3 Microsoft 494.4
4 Berkshire Hathaway 423.4
5 Amazon.com 403.2
6 Facebook 391.7
7 Exxon Mobil 337.2
8 Johnson & Johnson 332.5
9 JPMorgan Chase 323.6
10 Wells Fargo 290.3

Llama la atención que las primeras seis empresas de esta lista pertenecen al sector de alta tecnología, característica de la cuarta revolución industrial, mientras que las restantes son compañías y negocios que surgieron durante la segunda y tercera revoluciones, aunque ciertamente también se han informatizado acorde a los cambios que van surgiendo conforme pasa el tiempo. En el caso de Microsoft, Apple y Amazon, son empresas de alta tecnología creadas durante la tercera revolución industrial, pero son firmas que han impulsado los cambios y el avance de tecnologías que ahora son distintivas de la presente era. De hecho, han logrado un gran crecimiento en lo que va del presente siglo, cuando han incorporado los acelerados avances de big data, analítica, inteligencia artificial, algoritmos, robótica, Internet de cosas, computación en la nube, entre otras tecnologías, además de que directamente han participado en el desarrollo de las mismas.

Esas seis empresas que ocupan los primeros seis lugares de la lista tienen un valor de capitalización muy superior a su valor de mercado, frecuentemente en 6,7 o más veces, lo que reafirma que los activos intangibles continúan siendo los de mayor valor e importancia en los negocios. Es de notar que la diferencia entre el valor de capitalización y el valor en libros está representada por rubros intangibles que, a pesar de que crean valor y riqueza, no están registrados en contabilidad ni expresados directamente en los estados financieros. Así también lo observó Bill Gates, cuando expresó: “Nuestros activos fundamentales, nuestro software y nuestras habilidades para desarrollarlo, no se muestran en el balance. Esto probablemente no sea muy revelador desde un punto de vista meramente contable”.

El papel y peso de los activos intangibles, tanto en la creación de valor como en el valor de capitalización de las empresas fue estudiado y analizado desde el inicio de la cuarta revolución industrial por el profesor J. Christopher Westland, de la Universidad de Hong Kong y consultor mundial, cuyo alcance y resultados presentó en su magnífica obra Valuing Technology, The New Science of Wealth in the Knowledge Economy (Valuando la tecnología, la nueva ciencia de la riqueza en la economía del conocimiento), obra que incidentalmente debiera ser lectura obligada para los Contadores Públicos, en especial, el capítulo titulado “La siguiente generación de Contadores”.

El profesor Westland comenta que en el inicio de la década de los 80, el capital contable de las empresas en general, representaba un promedio de 90% de su valor de mercado, pero al paso de los años, conforme se acentuaba la economía del conocimiento, ese porcentaje disminuía sensiblemente, al grado de que para el año 2000, el valor en libros de una empresa –particularmente las empresas intensivas en conocimientos y tecnología de la nueva era– se reducía a 25% o menos de su valor de mercado. Una tendencia que continúa conforme se digitalizan las empresas y organizaciones, de acuerdo con los esquemas de la actual era industrial.

Nuevos rubros de activos intangibles

En la revolución industrial 4.0 es común encontrar empresas que producen alto valor con reducido personal, como los casos siguientes (ver cuadro 2):

Cuadro 2

Año de lanzamiento Empresa vendida Empresa compradora Año de la venta Importe de la venta (Billones-Dls) Número de empleados Valor por empleado (millones)
2005 YouTube Google 2007 1.65 65 25
2010 Instagram Facebook 2012 1 13 77
2009 WhatsApp Facebook 2914 19 55 345

En el cuadro 2 se observa que las tres firmas relacionadas crearon valor desde el año de su lanzamiento hasta el año en que fueron vendidas; un periodo realmente corto para la cantidad que se pagó por estas. El mismo cuadro muestra el valor de la gente pensante que tenía cada empresa, tanto en grupo como en lo individual, y que casi representaba el valor total de mercado de la compañía de la cual formaban parte, puesto que el valor de los activos duros que tenían a la fecha de la operación era mínimo, comparado con el valor del capital humano, es decir, la gente pensante, “alma del negocio”.

Otro aspecto común en las empresas en el presente, como Google, PayPal, Uber, Alibaba y otras, es distinguirse por casi no tener activos fijos. Uber no tiene automóviles y su valor es de 60,000 millones de dólares, superando a General Motors que alcanza 56,000 millones de dólares; Airbnb no tiene hoteles y su valor reciente es 30,000 millones de dólares, mientras que la cadena Marriot alcanza poco más, 33,000 millones de dólares; Alibaba no tiene inventarios y tiene un valor de 231,000 millones de dólares.

Las compañías mencionadas y otras, surgidas en lo que va del presente siglo, difícilmente hubieran sido posibles hace dos o tres décadas. Por ejemplo, los creadores de Airbnb no habrían podido lanzar su negocio virtual y, menos, una cadena hotelera en la década de los ochenta, porque de entrada hubieran requerido de grandes inversiones, de superar barreras de entrada al negocio, establecidas por las cadenas hoteleras existentes, además de emprender otras acciones para competir con aquellas. En cambio, en 2007, solo era cuestión de tener una gran idea: conectar personas que desearan un espacio de hospedaje con gente que tenía esos espacios. Los medios y tecnología existentes estaban al alcance: internet, computación en la nube, sistema de pagos por internet, aplicaciones, fuentes de financiamiento, incubadoras de empresas. De esta manera crearon lo que era y es el sustento del negocio: su plataforma digital y con ello un modelo de negocios de varios miles de millones de dólares.

Plataformas digitales

La plataforma es una infraestructura tecnológica que se utiliza para conectar gente, organizaciones y recursos en un ecosistema interactivo en el cual se crea valor. De esta manera una plataforma es el medio para conectar directamente a grupos de clientes que demandan productos o servicios con grupos que proporcionan esos productos a los primeros.

Las plataformas también están en el corazón de la economía compartida, puesto que, gracias a ello, se puede redistribuir, compartir y utilizar las capacidades excedentes en servicios y productos, como es el caso Airbnb. Antes de estas empresas, mucha gente contaba con espacios ociosos que no les producía algún beneficio, pero con la plataforma creada por Airbnb se logró producir valor, así como a beneficiar a clientes que buscaban otras opciones de hospedaje.

En esta cuarta revolución industrial los negocios sustentados en plataformas digitales se han incrementado a un paso sin precedentes y en muchos casos, han rebasado a los negocios físicos, obligando a estos, a que también se actualicen, diseñen y operen sus plataformas para conectar grupos de clientes con grupos de proveedores, y de esta manera emprender nuevos negocios que antes no hubieran sido posibles o quedarían demasiado limitados.

Las plataformas digitales, en consecuencia, son activos intangibles de alto valor de las empresas digitalizadas y que hacen negocios en línea, como las mencionadas, así como de una gran cantidad de empresas poco conocidas, más las que surgen día con día. En estas empresas, la plataforma digital es la fuerza que las ha llevado a lo que son actualmente, si no, quítenle su plataforma digital a Uber, Airbnb o Amazon y se desmoronan al instante.

Hay que considerar que el hardware utilizado en la plataforma tiene un costo de adquisición que es muy inferior al valor de la plataforma o del activo intangible que se ha creado: banco de clientes y proveedores de servicios, conexiones, bases de datos, entre otros rubros, que en conjunto es lo que realmente crea valor y logra ventajas competitivas.

Desafío para el Contador Público

El profesor Westland argumentaba en los albores de la presente revolución industrial, que “por fallas en el registro de los activos intangibles, solo una sexta parte del promedio del valor de mercado, de las 500 firmas industriales S&P 500, se reflejaba en sus estados financieros”. Esto significaba -escribió Westland- tanto como dirigir un moderno avión con solo una sexta parte de sus sofisticados sistemas de control.

No hay duda, en la cuarta revolución industrial se estarán modificando los esquemas de seguimiento y control de todo aquello que sea condicionante para que las empresas y organizaciones cumplan su cometido en los turbulentos y volátiles escenarios del presente y del inmediato futuro. Debido a que los eventos y las tendencias del entorno se producen a mucho mayor velocidad que antes, los sistemas de monitoreo deberían ser a tiempo real para informar a los gerentes, tanto para prevenir y evitar que eventos negativos se vuelvan recurrentes, como también para identificar oportunidades para crear más valor y lograr ventajas competitivas.

Las necesidades en materia de control y monitoreo de eventos críticos a una empresa, por parte de la alta dirección y gerentes en general, se convierten en oportunidades de la Contaduría Pública, para contribuir a desarrollar esos sistemas de control y monitoreo, que satisfagan necesidades de cada empresa en particular. Los elementos tecnológicos con que se cuenta para tal fin son innumerables, que solo requieren de una forma de pensar creativa e innovadora. Algo que es y será común en la cuarta revolución industrial.

Artículo escrito por:

- quien ha escrito 958 artículos en la Revista Contaduría Pública : IMCP.


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